Acoplar la voz al sentimiento de un pueblo sólo es posible recorriendo sus calles, sus caminos, sus paisajes, escuchando el repique de los campanarios o acariciando sus instrumentos. En resumen, ser miembro de esa familia que habita en los "Pueblos Tristes" de Otilio Galíndez y encender el Cirio de la "Capilla Ardiente" de Jesús Rosas

Marcano. Por eso, Francisco Pacheco ha logrado resumir en cada una de sus interpretaciones lo que significa ese mundo mágico. Su corazón aprendió a palpitar con la gente humilde que expresa sus tradiciones, por encima de sus necesidades. Su voz es irrepetible y la maneja de tal manera que puede cantarle al mar y la tierra. El mejor ejemplo lo va a encontrar en esta producción de Francisco Pacheco y su Pueblo, donde cada canción está hecha con la pureza, maestría y la sinceridad abierta de la palma de una mano. !Disfútela! Graterolacho
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